OJOS VIDRIOSOS

 

No hay nada en el universo que me resulte más difícil de mirar que los ojos vidriosos de niños que, con la mirada perdida, se hacen preguntas para las que las respuestas no superan la sinrazón. Y a nadie parece importarle.


Me pregunto que espera la sociedad occidental cuando ve en sus pantallas (si es que en algún momento se detienen a mirar) a niños quebrantados por las barbaridades que les ha tocado vivir. Por decisiones de adultos que nunca tendrán en cuenta su sufrimiento.


El cinismo de esta sociedad se sostiene en una existencia anclada en valores económicos que se erigen sobre la sangre de otros. Sobre la explotación de miles de personas a lo largo y ancho de globo que existen y sufren para que occidente sostenga su decadencia existencial.


Lavamos nuestras conciencias con donaciones a ONGs, con rezos en iglesias, mezquitas, sinagogas o cualquier otro lugar de culto. La realidad resulta insoportable si uno se atreve a mirar. A descubrir que nuestra, aparente comodidad, exige la mutilación de los sueños de miles de niños que hoy nacen.


El poder económico ha encontrado en el algoritmo el anestésico ideal para acallar las voces que pudiesen despertarse en las mentes de la gente de bien. Se trata de bombardear nuestra mente con miles de basuras que tapen rápidamente, el posible impacto de noticias de la vida real.


Se nos impide ver imágenes sensibles bajo el pretexto de su crueldad. Cuando lo verdaderamente cruel es tapar el comportamiento inhumano de quien bombardea o asesina desde 10000 metros de altura. Cuando yo era niño veíamos en los telediarios las imágenes de los atentados, nos llenaban de horas informativas de las barbaridades que ocurrían. Y generaba en la sociedad una respuesta. Ahora el poder busca acallar las voces discordantes. Señalando a quien se atreve a llevar la contraria.


Y somos responsables de lo que hacen nuestros gobiernos. No tanto porque los hemos elegido (en realidad no lo hacemos libremente, pero ese es otro tema), sino porque no invadimos las calles día sí y día no para parar los conflictos. Al poder económico no le importan los muertos en las guerras, para nada; pero a los políticos que sostienen ese poder sí le afecta la presión social. Y así se paran guerras.


Los ojos vidriosos de un niño al que acaban de matarle a sus padres y hermanos con una “bomba inteligente” lanzada desde un avión, pueden acabar perfectamente siendo los ojos deshumanizados de un adulto que sólo busque venganza en el futuro inmediato. Al que, seguramente, nuestros medios tacharán como “terrorista”, pero…. ¿y si fuésemos uno de nosotros?


Nunca en la Historia una guerra ha tenido un origen que no fuese económico. Ahí es hacia dónde debería de mirar una sociedad avanzada. No a los cómo, sino a los por qué. Mientras no ocurra tal cosa seguirán apareciendo miradas perdidas, llantos desgarrados, dolores inenarrables, odio, vileza….

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