LAS COSAS DE LA MENTE(1)

 

Dicen que la peor tormenta que el ser humano conoce es aquella que puedan formar sus pensamientos en su cabeza. Nada atribula más a una persona que el sobrepensamiento.


Se trata de un pensamiento intrusivo, repetitivo y difícil de contener. Invade nuestra cabeza sobre cuestiones que quizás jamás vayan a estar presentes. Anticipa soluciones o problemas a acontecimientos que todavía no se han dado; y que quizás no ocurran.


Pensar en la muerte también es algo recurrente en muchas personas. Sabemos que la muerte no es una experiencia futura pues no tiene conexión con el presente. Sabemos que es un hecho cierto, probablemente la única certeza que tenemos al nacer; pero tener miedo a algo que no existe también puede desarbolar las mentes más brillantes.


Nuestros pensamientos se ven modulados por el tipo de educación y formación que recibimos desde el momento en que nacemos. El concepto del bien y del mal posiciona nuestra conducta. La manera en que nos educan obedece al sistema moral en el que vivimos.


La moralidad tiene su arraigo en la divinidad. En la antigua Grecia lo bueno o lo malo venía determinado por la voluntad de los dioses. Sócrates se preguntaba lo siguiente: “lo bueno es bueno porque los dioses dicen que algo es bueno; o lo bueno es bueno en sí mismo y por eso los dioses dicen que el bueno”.


Una gran parte de las religiones sobre las que se han modulado las diferentes moralidades (no es la misma en todos lados), están ancladas a la primera parte de la pregunta que se hacía Sócrates: “lo bueno es bueno porque lo dice Dios”. Lo que convierte toda la moral en arbitraria. Puesto que alguien ha decidido qué es bueno y qué no. Sin atender a que ese algo pueda o no ser bueno en sí mismo.


Tal vez la mejor herramienta que existe, contra estos pensamientos y las derivadas de una educación moral sesgada, sea la meta cognición. Esta es la capacidad de pensar sobre el propio pensamiento que uno tiene. Entender cómo aprendemos, cómo resuelves las dudas existenciales y comunes...entender cómo somos. Lo que siempre va de la mano de la introspección.


Y todos, en mayor o menor medida, tenemos esta capacidad. El desarrollo de esta capacidad es la base sobre la que se asienta el pensamiento crítico. Herramienta imprescindible para no verse mentalmente envuelto en los ciclones informativos que sufrimos hoy día.


La abstracción nos permite observar un presunto problema desde fuera. Nos da un tiempo precioso y preciso para analizar si algo nos atañe realmente o no. Si es algo real o sólo imaginario.


Desde mi modesta experiencia personal, tengo claro que los problemas de la mente no son todos resolubles fácilmente. Ni mucho menos. Soy consciente también de que, pese a que las capacidades están ahí, no todos pueden echar mano de ellas en la medida en que quisieran. Tan sólo observo que muchas de las cosas que nos mantienen en vilo, sólo ocurren dentro de nuestra cabeza.

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