LA ESPERANZA
En determinados momentos de nuestra vida, todos buscamos un clavo ardiendo al que agarrarnos cuando las cosas no salen como queremos. Un asidero llamado esperanza. Algo así como el sueño quimérico al que aferrarse para poder continuar con nuestras vidas.
La esperanza puede ser una losa que nos ancle al suelo de manera tan firme, que nos impida seguir avanzando con nuestras vidas. Tal vez no seamos capaces de soltar un recuerdo y se convierta en un veneno que nos mata poco a poco; quizás no dejemos ir a alguien que ya se ha ido, da igual el contexto.
Y, sin embargo, la esperanza es uno de los procesos más complejos del ser humano, e inherente a este. Se trata de un proceso de ánimo optimista basado en unas expectativas favorables, relacionadas con eventos o circunstancias de la vida, sea propia o ajena. Lo que lleva a una sensación de angustia interna que puede hacernos mucho daño.
Es cierto que la esperanza puede ser un gran motivador, incluso puede llegar a opacar la realidad de las cosas. Cuantas personas se aferran a la esperanza de recuperación de alguien que, postrado en una cama, ya se ha ido hace tiempo. ¿En qué instante la esperanza deja paso a la desesperanza? Casi siempre ocurre cuando nuestra conciencia sobre lo real se impone a cualquier otro pensamiento.
Cierto que tenerla ayuda a afrontar la realidad que nos apabulla de mejor manera. Creer que las cosas pueden mejorar siempre ha sido parte del pensamiento utópico del ser humano. Y la utopía en una suerte de cinta transportadora de voluntades. Más allá de la capacidad de raciocinio.
Uno tampoco suele tener la capacidad de ser realista todo el tiempo. Y de ser capaz, a buen seguro que la vida no será fácil. Porque realismo absoluto nos empuja a la cruda realidad. Y esta no se digiere de cualquier manera. La esperanza nos acerca al realismo mágico, ese lugar en el que todo es posible más allá de las posibilidades.
Diría para terminar, que desde el punto de vista social y político, la esperanza siempre ha sido el verdadero motor del cambio. No importa el sentido de este. Los cambios sociales y políticos se han producido gracias a la construcción de determinados procesos, alrededor de ideas o ideales anclados en esperanzas de un futuro distinto. Así de poderosa puede ser.


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