FEMINISTA EN DEFENSA PROPIA


 

Hace muchos años, cuando era mucho más joven e inexperto en la vida, leí una frase que habría de condicionar mucho mi manera de observar la sociedad de la que era partícipe. “El problema de la mujer siempre ha sido un problema de los hombres”; frase de Simone de Beauvoir que me voló la cabeza entonces.


Con el tiempo he comprendido que, efectivamente, la mayoría de los problemas de las mujeres comienzan en los hombres. En una sociedad patriarcal que ha arrinconado a la mujer siempre que ha podido. Más si cabe en nuestra sociedad, que heredó un reciente (históricamente hablando), nacional catolicismo recalcitrante, que llevó a la mujer a posiciones en las que sólo les quedaba poner pies en pared y pelear.


La Transición y la posterior entrada de España en la UE logró que se cubriese la caspa reinante de una pátina de modernidad. Se avanzó muy rápidamente en Derechos; se tendieron puentes para poder salir de las trincheras y convertir a este país en un Estado moderno. Todo pese a la resistencia numantina de quien no ha entendido, todavía, que el Feminismo no va únicamente de la defensa de los Derechos de la Mujer. Que se trata de un movimiento filosófico transversal.


Quiero pensar que muchas de las jóvenes que hoy apoyan movimientos conservadores, lo hacen porque son víctimas de la deficiente formación que reciben. De otro modo es difícil de entender. La regresión por la que muchos abogan echa tierra sobre las vidas de las muchas, y algunos, que se dejaron la vida en la defensa de derechos que hoy parecen obvios; pero que hace nada eran quimeras.


Sin retrotraerme a la Ilustración o a la Revolución Francesa (Declaración de los Derechos de la Mujer y la Ciudadanía), habría que explicarles a esta nueva oleada de jóvenes lo mucho que costó que la mujer tuviese el derecho a votar. Tendrían que abandonar un ratito las RRSS y acercarse al movimiento “Deeds, not Words!” que Emmeline Parkhurst lideró con las Sufragistas a finales del XIX. Deberían indagar en la memoria de aquellos que “tutelaron” a sus abuelas, y descubrirían que el mero hecho de abrir una cuenta corriente era impensable sin la aprobación de un varón, etc.


Ser feminista no es sólo defender los Derechos y la Igualdad de las mujeres; se trata de construir una sociedad en la que no sea preciso hacerlo. Entender que los roles, que hunden sus raíces en construcciones religiosas, cambian con el devenir de los tiempos. Que las responsabilidades son las mismas. ¿Somos diferentes? Claro; y no sólo físicamente. También psicológicamente lo somos. Pero eso no nos hace mejores o peores. Tan solo distintos. Igual que los olores o los colores. Y no por ello subyugamos a unos por otros.


Si uno repara en las posiciones políticas, jurídicas y sociales de buena parte de la sociedad. Se da cuenta de que, pese al camino recorrido, todavía queda mucho por hacer. Tal vez la Igualdad sera una quimera; pero las quimeras sirven para continuar avanzando (Galeano). Como hombre, mi vida será mucho más plena cuanto más igualitaria sea la sociedad que consiga construir alrededor. Las posiciones de dominancia social albergan mucho vacío, soledad, etc.


No hace mucho a una política española, muy valiente por cierto, se la tachó de feminista radical; se la insultó, persiguió etc. Ninguna de sus ideas o posicionamientos están equivocadas. Tal vez pueda haber dudas en cuanto a las formas o lo oportunas que pueden haber sido, según cada instante. Pero ninguna duda sobre la validez de las mismas. El tiempo, que suele acomodar las cosas, le va dando la razón. Incluso cuando jueces retrógrados intentaron hundirla. Y, en cierto modo lo consiguieron, alejándola del día a día político. Sin embargo el paso de los meses ha puesto negro sobre blanco el sesgo de aquellos días.

Un tiempo antes, un tipo con una ceja característica tuvo el valor de crear el primer Ministerio de Igualdad de la Historia. Era abril de 2008. Hace nada. Algo en lo que deberían de pensar bien las jóvenes de hoy día. Cuando la veinteañera de mi hija apenas tenía 5 años, se dio visibilidad real en este país a un problema endémico en nuestra sociedad.


En breve todo esto estará en juego. Porque quien amenaza con llegar, pretender desmantelar todo cuanto se ha creado. De hecho ya lo están haciendo en las Comunidades donde gobiernan. Por lo que deberíamos tomarnos en serio este tema.


Ser feminista no es sólo defender a la mujer; es defender un sistema social mejor para todos. Y hay idearios que pretenden destrozarlo.

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