UNA PERSONA NORMAL


 

Cuántas veces hemos escuchado ese comentario después de que una persona anónima cualquiera hubiese cometido una tropelía “Era una persona normal”.

La definición de “normal”, habría que cogerla con pinzas muy finas y analizarla con detenimiento. Solemos atribuir a ese calificativo como a alguien común, que no sobresale por encima de la media; que se comporta de acuerdo a los parámetros establecidos en el contexto social, etc. Bajo esa definición cabría indicar que también se situaría un psicópata. Al fin y al cabo la manifestación de su condición suele florecer muy de vez en cuando. Por eso es tan difícil dar con ellos.

Sin embargo allá por los años sesenta del pasado siglo alguien demostró qué: bajo determinadas condiciones dadas, cualquier persona normal puede convertirse en un verdadero hijo de puta.

El experimento de Milgram (1961) fue el resultado de un estudio llevado a cabo por el psicólogo Stanley Milgram que quiso entender por qué personas comunes obedecen órdenes inmorales.

Situó a unas personas en una sala conectadas a diodos eléctricos y a otras personas en una sala contigua aplicando esas descargas eléctricas creyendo que las órdenes las daba un científico.

Demostró, al cabo de unos días, que la obediencia a la “autoridad” puede superar con creces la empatía y la moral personal. Pues incluso un 65% de los participantes llegaron a aplicar el máximo voltaje a pesar de escuchar gritos al otro lado. La mayoría no se cuestionó por qué gritaban. Ni siquiera si el procedimiento del que eran partícipes tenía visos de ser moralmente aceptable.


Milgram demostró que bajo determinadas influencias situacionales el conformismo de quien infringe dolor se incrementa en la medida en que su responsabilidad moral se ve opacada por las influencias de quien maneja la situación: Médicos, policías, militares, políticos…


Así uno puede “entender” cómo es posible que un verdugo de un campo de concentración (en Alemania, USA, Francia…) pueda ejecutar a un número indeterminado de personas sin cuestionarse los por qué; e inmediatamente ir a comer a su casa y ser un padre amoroso. Lo mismo puede ocurrir hoy con los miembros de las FDA, donde aquellos que no son psicópatas (que los hay a montones), se comporten de una forma tan aberrante para con niños o personas indefensas.

La maldad está ahí...tan sólo es preciso que encuentre su camino.


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