LO QUE PUEDE SER, LO QUE ES, LO QUE QUIZÁS SI O TAL VEZ NO


 

Sucede, a veces con demasiada frecuencia que la vida se va mostrando de un modo que cuesta comprender. Kant nos dice que no conocemos la realidad tal cual es, sino como aparece a través de nuestras estructuras mentales. Creía, el alemán, que el ser humano organiza de algún modo sus ideas a través de la propia experiencia. Lo que para Hegel formaba parte de la historia. Esa historia personal y común que contribuimos a crear en la medida en que vivimos.

Aristóteles nos enseñó que, a su entender, la realidad está en los objetos concretos que nos rodean y no en un mundo separado de ideas. El conocimiento, por tanto, se adquiere observando. Clasificando lo que hemos visto y razonando sobre las experiencias que todo ello nos han aportado. Este realismo clásico nos ayuda en muchas ocasiones a razonar sobre aquello que presenciamos con una cierta distancia. En ocasiones llevará a conclusiones discutibles toda vez que la distancia no existe al ser parte de la realidad que observamos.

Para Sartre la vida no es más que una sucesión de decisiones personales encaminadas a construir nuestra propia esencia, a través de la responsabilidad y también de la angustia. Pues decidir implica tomar decisiones que condicionan, o pueden hacerlo, el devenir de nuestra existencia.

Rouseau va un poco más lejos en su “Contrato Social”, al otorgar a otros (el pueblo como soberano) decisiones legítimas que afectan y a la libertad individual. Un libertad que se ve recortada en proporción a los acuerdos con nuestros iguales sobre cómo vivir.

Stuart Mill, al contrario, defiende la máxima libertad personal siempre y cuando no cause daño a otros, abogando por la libertad de expresión, la educación y un gobierno limitado. Una pelea constante entre el utilitarismo y el individualismo liberal. Algo que, generalmente, tendrá una confrontación con el tribalismo existente.

Llegados a este punto y sin adentrarme más en el razonamiento de otros ilustres pensadores de la Historia, uno puede sacar algunas conclusiones más o menos acertadas:

- Las vidas no son, ni de lejos, iguales en una latitud determinada que en otra. Las realidades existentes condicionan los preceptos establecidos en lugares lejanos. La globalización falla, de manera clara, en este sentido. El etnocentrismo que lleva a “occidente” a creerse en posesión de la verdad y, por ende, a tratar de imponerla allá por donde le place; se da de bruces con otras formas de entender la vida tan válidas como la nuestra para aquel lugar.

- La realidad que observamos existe siempre en condicional. Porque detrás del observador existe un modo de pensar impuesto por la sociedad de la que forma parte. Lo que infiere siempre en la realidad observada. Cuando un blanco occidental ve a un negro a lomos de una patera cruzando el estrecho no lo ve, ni de lejos, del mismo modo que lo puede ver un blanco desde Marruecos. Y, sin embargo, es la misma persona la que se juega la vida.

- La vida que elegimos vivir, cómo y con quién, no siempre obedece a una decisión libre. Muchas veces nos condicionan las ideas de otros. Que se instalan en nuestras cabezas de un modo casi preconcebido y que nos lleva a decisiones un tanto arbitrarias y que más de una vez chocarán con nuestro yo más profundo.


Todos formamos parte de una sociedad, la que sea; y dicha organización va estableciendo determinados parámetros de conducta que nos “enseñan” a mirar en una determinada dirección a conveniencia de unos pocos intereses. Intereses con la capacidad de intervenir, a través de medios, educación, política, en la sociedad de la que formamos parte para guiarnos, como si de pastores se tratase, hacia un camino marcado. Levantar la oreja y cuestionarnos esas directrices debería de ser un ejercicio cotidiano. Una suerte de “lavado de cara” diario, que nos permita separar el ruido de lo importante.


Pensar siempre ha sido subversivo. Tal vez por ello a unas determinadas corrientes político/filosóficas, les interese alejar a la sociedad de una buena formación. Depauperando la formación en las escuelas se acaban creando personas incapaces de dar una buena educación a sus hijos. A mi entender, una sociedad que no pelea en las calles por una Educación Pública de calidad, está perdida. El conocimiento nunca es suficiente y siempre te da argumentos para enfrentar las barbaridades intelectuales y no, que uno escucha casi cada día y en cualquier lugar.


Escuchar al que piensa diferente termina enriqueciendo la elaboración de tu propio pensamiento. Hablar con imbéciles que no escuchan no, tan sólo cansa y no cambia las cosas. En este juego tan maniqueista, en el que se ve inmersa nuestra sociedad, nadie sale ganando. No todo es blanco o negro. Debemos de ir más allá. Tratar de ver “más allá de Orión” (Roy Batty en Blade Runner 1982).

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