EL EFECTO ESPECTADOR


 

Cada día que vemos una situación violenta o un accidente en televisión o en redes sociales, suele darse una característica común: muchas personas alrededor grabando con su teléfono o mirando, pero sin hacer nada. Siendo meros observadores.

Esto que nos parece fruto de los nuevos tiempos es, en realidad, algo muy antiguo. Probablemente ha ocurrido desde siempre pero en 1968 los psicólogos John Darley y Bibb Latané investigaron por qué nadie había intervenido en el asesinado de Kitty Genovese a pesar de haber un gran número de presentes.

Para ello simularon emergencias con distintos grupos de testigos: Infartos, atracos, ataques violentos…

¿Qué demostraron? Pues que la difusión de responsabilidad y la ignorancia pluralista se impusieron. Todos esperan a ver como otro actúe. Lo que suele traducirse en inmovilismo. De sus experimentos la conclusión más relevante fue que a mayor número de testigos aumentaban las posibilidades de que nadie actuase.

En nuestra sociedad actual tan sólo ha cambiado la herramienta que, casi todos, tenemos en nuestro poder: un teléfono inteligente. Y en lugar de mirar directamente, lo que a veces puede ser duro; lo hacemos a través de la pantalla. Lo que, de algún modo, nos aísla en nuestro inconsciente de la realidad que sucede delante.

El altruismo no es algo que se dé de manera sistémica. Sino que obedece a patrones de conducta muy marcados en determinados miembros de la sociedad. Otra cosa diferente sucede cuando las masas se ven abocadas al altruismo como miembros de una corriente que les lleva.

El efecto espectador pone de manifiesto cierto relativismo existencial. Que está ahí.

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