365 DIAS
El tiempo pasa de manera inexorable, pero tu recuerdo permanece. Recuerdo aquella noche nítidamente, sabía que estabas mala y que no sería fácil. Pero quería creer que podría ser posible. Aunque en lo más profundo de mi ser sabía que no sería así. Al menos nos dio tiempo a despedirnos.
- Te quiero mamá.
- Gracias hijo
Esas fueron nuestras últimas palabras. La última vez que hablamos. Unas horas más tarde el teléfono sonó y… De camino al hospital, con tu nieta a mi lado, sabía que te habías ido. Y pese a todo, no fue fácil. Ahorramos el trance a tu adorada nieta y sólo entré yo a despedirme. Aunque ya lo había hecho antes. Poco pude decirte que no supieses; no me salían las palabras.
Ha pasado un año desde entonces, te he llorado, añorado; me he reído con tus ocurrencias… tengo vídeos tuyos de los últimos días en el hospital, charlando conmigo. Te cuento que todavía no he podido verlos. No soy lo suficientemente fuerte. Prefiero ver otro en el que bailas de manera espontánea en el salón, sonriendo, divertida como tú eras.
Tu ausencia ha modificado sustancialmente muchas cosas dentro de mí. Y no sólo por el vacío que has dejado, sino porque he aprendido mucho más de ti en estos 365 días recordándote, que en los 53 años anteriores. Uno repara mucho más en los detalles cuando el tren de la vida va pasando y te quieres aferrar a ciertos recuerdos.
Te cuento que tu nieta se está convirtiendo en una mujer de carácter. Una de esas mujeres que te gustaban a ti. Yo, como tú, me siento afortunado de tenerla. Y sé que disfrutaste mucho con ella, que presumías de ella tanto como te era posible. Y que hoy días aquello de: “Y está acabando la carrera”. Ella también te echa de menos, también te añora.
Cada vez que hago un cambio en casa te veo asomar por la puerta de la entrada diciendo: “ya estás cambiando las cosas, ¡vas a terminar con el parqué!”… y me sigo riendo cada vez que levanto hasta arriba las persianas de toda la casa para que entre la luz… “¡el sol estropea el parqué!” sería tu respuesta.
Hay vacíos que nunca se vuelven a llenar. Y es bueno que sea así. El amor, cuando es tan profundo, deja una huella indeleble que jamás desaparece. Es cierto que la vida sigue, que aparecen otras ilusiones, diferentes problemas, etc. Y la rueda de la vida sigue girando cada día para logar que nuestra existencia sea posible.
Espero que estés disfrutando allí donde quiera que estés. Tan sólo quería pasar a saludarte para decirte que siempre vas conmigo. Te dejo aquí los versos de una canción de Manolo García. ¡Va por ti mamá! Te quiero.
Porque de ti volví a aprender el nombre de las cosas.
Porque de ti volví a aprender lo necesario.
Pan, casa, destino, camino.
De ti volví a aprender, del bosque
de tu alegría, de manos
de tu sereno misterio.
Quedaba mucho por hacer:
arreglar la huerta,
hablar con los perros,
pasear por las orillas del otoño.
Quedaba mucho por hacer.
Quedaba mucho.
Porque de ti volví a aprender lo necesario.
A prescindir de lo inútil,
que nada es precario.
Del brillo de tus ojos,
a disfrutar del tiempo lento.
Y cuatro cosas útiles de tu gesto cierto.
Y muchas cosas más de ti aprendí.
Y quedaba mucho por hacer.
A tirar del lastre, de eso que es la existencia
Del tráfico, del peso de los lunes.
Gris, cielo, hoguera, camino.
De películas malas.
De robarte tiempo al minutero,
que los relojes matan el tiempo.
Quedaba mucho por hacer:
recoger los sueños en las noches frías
como cuando no hay peces recojo las redes vacías.
Quedaba mucho por hacer.
Quedaba mucho.
Aprendí a sumar lo lógico y lo incierto.
A poner la mesa.
Aprendí a tolerar la presencia necesaria
de las arañas.
Aprendí a soportar solo lo soportable.
Y quedaba mucho por hacer,
rechazar el tedio, luchar contra él.
Y quedaba mucho por hacer.
Limpiar las malas hierbas del prado,
arrancar las rejas y cercados.
Hacer montones: perros con gatos.
Hacer montones: soles y estrellas.
Borrar las señales de vuelo
para que los pájaros sean dueños del cielo.
Y quedaba tanto por hacer...
Tu hijo



Me encanta
ResponderEliminarNo puede ser más hermoso...
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