LA MIRADA PERDIDA
Hubo un
tiempo en el que me azoraba con las cosas que no podía controlar y que suponían
un peso añadido sobre los hombros. La vida ha depositado, a veces con inusitada
frecuencia, demasiadas sacas de desasosiego sobre mis hombros. Y esto me
provocaba desazón, torpeza para avanzar, incluso miedo.
Una mente
atribulada difícilmente es capaz de pensar con claridad. Todo lo más, razona
sobre sí misma buscando una salida que, casi nunca, logra encontrar sin ayuda. No
hace más que girar el gozne esta u otra puerta; albergando la esperanza de
descubrir esa salida a un espacio mejor. Pero no aparece; las puertas no son
más que estrechos pasadizos que suelen desembocar en el punto de partida.
En otros
momentos me dediqué a contemplar diferentes obras, admirando la calidad de las
mismas. Con la vana esperanza de acertar en la elección. Algo que nunca será un
acierto cuando estás mirando un estilo que jamás será realmente el tuyo. Por más
que admire la obra de Picasso lo mío sería comprar una obra del Greco.
Así, con
la mirada perdida en horizontes lejanos descubrí, no hace mucho, que: lo importante de la vida,
al menos de la mía, no está en quien te acompaña en el viaje sino en a quien
quiero acompañar. La arquitectura de las emociones está repleta de pérgolas que
no se sostienen en el diseño de un rascacielos. Y nunca se me ha dado bien el
diseño.
Desconozco,
en este preciso instante, cómo acabará el itinerario que me dispongo a
emprender. Ni siquiera estoy seguro de la dirección; no importa. En algún lugar
encontraré destino. Tampoco me preocupa los cómo del trayecto. Ya, ajado por el
paso del tiempo y un tanto raído por los avatares de la salud, tan sólo quiero
hacer bueno a Lao – Tse y arrancar…


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ResponderEliminarSigue a tu corazón, te llevará al mejor de los caminos. Y, un paso detrás de otro crearás tu camino.
ResponderEliminar"En el centro de tu ser tienes la respuesta; sabes quién eres y sabes lo que quieres"
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